México.- A 10 años del momento histórico para el planeta y todas las formas de vida en él, en 2015 se trazaba una ruta para un futuro justo y sostenible con la adopción de la Agenda 2030 y el Acuerdo de París por casi todas las naciones del mundo, el reverso de la moneda en 2025 representa un cambio radical de dirección: los compromisos de muchos Estados para cumplir con dicha Agenda y el Acuerdo no han aguantado las diferentes pruebas de resistencia económicas, geopolíticas, nacionalistas, debilitando el plan de acción climática global.
Frente a un sistema internacional cada vez más complejo y poco estable, toda crisis es una oportunidad y a partir de 2025, algunos países podrán tomar ventaja para expandir su influencia en materia de cambio climático, impulsando los compromisos de la Agenda 2030, así de acuerdos y tratados internacionales, y comenzando a liderar un avance positivo a favor de la vida en la Tierra.
En ese sentido, el rápido ascenso de algunos países con potencial de liderazgo mundial ya ha alineado sus economías con propósitos ambientales para afrontar el desafío global, como China, Brasil y México.
¿Y esto qué significa para México? ¿Puede la diplomacia climática posicionar a México como un actor clave en la acción climática global?
Muchas son las preguntas cuyas respuestas veremos tras la participación del país en la COP30, al que asistirá tras 10 años de ausencia y un gran vacío de acciones concretas, en la que una agenda clara y realista, como la denomina la titular de la Secretaría de Medio Ambiente, Alicia Bárcena, será medular no solo para demostrar la capacidad y voluntad política para cumplir con las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC 3.0), sino que también la diplomacia climática mexicana se pondrá a prueba en la atracción financiera climática global responsable.
A pesar del debilitamiento multilateral, México ha avanzado en acuerdos transfronterizos de cooperación, por ejemplo, para el saneamiento de aguas transfronterizas del Río Tijuana, al norte con los Estados Unidos.
O al sur del territorio en un acuerdo tripartita México, Guatemala y Belice con el Corredor Biocultural Gran Selva Maya para la conservación de biodiversidad en esa región; acciones que pueden reforzar la idea de un frente climático unificado en Latinoamérica, al asumir un gran liderazgo y responsabilidad en la reducción de emisiones de gases efecto invernadero y transicionando hacia una región libre de carbono.
Selene Miranda
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