Claudia Solera
México.- México dedica hoy a la protección de bosques un peso por cada cuatro que gastaba hace diez años. Como consecuencia, éste es el sexenio –en las últimas tres décadas– en el que más personas han muerto combatiendo el fuego: 68, según cifras de la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR).
Doce estados viven una sequía con crisis de agua, y la superficie de bosque que ardió en 2023 es la mayor de la historia reciente. Ante este reto, los responsables de prevenir y combatir el fuego lo hacen bajo condiciones precarias, según le cuentan a Enfoque Noticias en entrevista.
75% de los 30 mil combatientes forestales son de comunidades rurales y de ejidos. La mayoría, carece de lo más básico: careta, ropa, vehículos. Si no caen atrapados en el fuego, lo hacen por las consecuencias de inhalar el humo, como por enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).
“Desgraciadamente a ella le dio un paro cardíaco a consecuencias del EPOC”, cuenta Carmen, una guardabosques de la Brigada Comunitaria de Milpa Alta. Su madre, Rumana Borjas de Alarcón, falleció cuando sus pulmones colapsaron. “Estaban en el bosque, iban a ir a un incendio, la bajaron, y pues duró solamente un par de días en el hospital y ella murió entonces, pues sí, murió en su labor de trabajo, que también le gustaba y lo amaba mucho”, cuenta Carmen.
Lupita, de la misma brigada de Milpa Alta, padece de deficiencia pulmonar Durante los 25 años que lleva de servicio no ha tenido un adecuado equipo de protección personal.
El paliacate inútil
Lupita o Carmen se ponen en la nariz un paliacate cuando enfrentan el fuego para evitar este inhalar humo. No sirve de absolutamente nada. “Tendría que ser una mascarilla, que sí proteja de que no inhalemos tanto humo. Muchas veces cuando combatimos un incendio relevante, el humo nos sofoca, entonces, tenemos que agacharnos hasta ras de piso, para poder controlar la respiración, porque no hay un equipo adecuado. Si no te enfermas de los pulmones; te enfermas de la vista, porque se secan los ojos con el calor, con la tierra; los huesos se dañan por el calor”, dice Lupita.
Malena, como monitora de la Brigada de Milpa Alta, en la que trabajan Lupita y Carmen, ha peleado con las instituciones forestales locales y nacionales para tratar de proteger la salud de sus compañeras, sin ningún éxito.
“Son condiciones realmente muy difíciles y tristes, porque además de esta actividad tan riesgosa, que son los incendios, no tenemos seguro médico, o sea, tú te enfermas y ya, o sea, hasta ahí llegaste” .
Los recortes
CONAFOR responsable de los bosques mexicanos, recortó el presupuesto drásticamente en un 75% en una década. Una cifra que contrasta con las consecuencias que vemos del cambio climático.
En 2023, se registró el mayor número de incendios y hectáreas quemadas. Se presentaron 7,600 incendios en el país y se quemaron un millón 47,000 hectáreas.
“Ciertamente, estamos en una situación en la que los extremos prevalecen: clima y acumulación de combustibles extremos. La velocidad de propagación de los incendios es bastante alta, limitación de los recursos financieros, recursos materiales, recursos humanos, falta de recursos para hacer la reducción de combustibles en los 137 millones de hectáreas que tiene el país”, explica Alfredo Nolasco, ex gerente del Manejo del Fuego de la CONAFOR.
El presupuesto de la CONAFOR pasó de 7 mil millones a 2 mil millones en sólo dos sexenios. Estados Unidos destina alrededor de 2 billones de dólares, es decir, 100 veces más que México.
“Solamente el que está allá adentro combatiendo un incendio, sabe el tamaño del riesgo que enfrentan y obviamente sus decisiones, también lo pueden llevar a tener accidentes complicados, en los que puede dejar la vida, y al final de cuentas, quien sufre el impacto y quien mira las sillas vacías son las familias, nadie más se acuerda de ello”, considera Nolasco.

Jugarse la vida frente a las llamas
Ante la precariedad con la que combaten el fuego hasta la radiación se vuelve una amenaza para los combatientes forestales, como lo recuerda Carmen, quien cuenta cómo se accidentó una de sus compañeras hace poco menos de un mes.
“Tuvimos un incendio en el San Bartolo muy fuerte. Se quemaron 128 hectáreas. Ella con solo la radiación del fuego, a sus piernas le salieron ámpulas, así andaba combatiendo. Llegó el momento en que me dijo `ya no puedo`”.
El equipo de protección personal que usan en la brigada de Lupita y de Carmen es muy pobre, realmente, usan ropa de cualquier persona civil.
Hace 13 años, Malena levantó por primera vez la voz con la documentalista comunitaria Noelia Cañedo, para implorar apoyo, pero sus condiciones de equipo y herramientas para combatir el fuego son cada vez peores. Hasta las palas se limitan y ni hablar de los vehículos o la gasolina para poder movilizarlos.
“Antes del 2018, nos entregaban el recurso, sí tardaba, pero nos entregaban el recurso y nosotros lo gestionamos durante todo el año. Y ahora nos dicen “no” ¿Cómo van a estar pidiendo cada año lo mismo, pero pues es que es nuestra herramienta? Es lo que necesitamos para trabajar”, reclama Malena.
La precariedad es un virus que carcome a los guardabosques de diferentes regiones.
Lorenzo Amador del Estado de México, vigilante de la Torre de Probosque, habló con la periodista Lariza Montero, a quien le dijo que cuando el fuego convirtió en montones de cenizas al bosque en Atizapán, fueron los vecinos de la Zona Esmeralda, los que se organizaron para hacer las colectas y llevarles las herramientas, como sucedió hace unos días en Valle de Bravo.
“Prácticamente andamos a la deriva, pues hace falta muchas cosas, tenemos muchas carencias en atender un incendio de esa magnitud”.
Cuando Alfredo Nolasco fue gerente de la CONAFOR, promovió el muro de los caídos en Jalisco, para grabar los nombres los combatientes del fuego que habían muerto, como: Xóchilt Ojeda, Luis Fernando Martínez, Maurino Ojeda, Israel Beltrán, Hilarion Morales, Rafael Martínez.
Hoy, Nolasco hace una pregunta para la sociedad mexicana y para los tomadores de decisiones: ¿Estaríamos dispuestos a aceptar una mayor superficie quemada con el propósito de proteger nuestros combatientes?
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