Jessica Rosales, corresponsal
México.- Diariamente miles de migrantes ingresan al país, tan sólo en noviembre y los primeros días de diciembre el gobierno de México estima que han ingresado casi 100 mil personas procedentes de países como Honduras, Guatemala, El Salvador, Venezuela y hasta de África, quienes enfrentan un viacrucis en su intento por llegar a los Estados Unidos.
En Coahuila la Comisión para la Atención de Asuntos Bilaterales Coahuila-Texas señala que actualmente transitan unos 2 mil migrantes por carreteras, mientras que caravanas de alrededor de 3500 personas han llegado a la frontera de Piedras Negras.
Simba como se hace llamar Ener García un joven migrante procedente de Venezuela relata “el infierno que ha vivido” como el mismo lo describe, desde que salió de su país por problemas políticos.
“Empecé a hacer rap en contra del gobierno, empezaron a agredirnos, primero fueron golpes cuando era estudiante, luego las persecuciones, me presentaron ante Tribunales por cosas que no hice, lo último fue que mataron a otros amigos raperos, me dio miedo, temí por mi vida y decidí salir de allá”, relata.
Actualmente está en Piedra Negras Coahuila, pero comparte la odisea y los peligros a los que se ha enfrentado en su paso por Colombia y Panamá, sobre todo al ingresar a sus selvas, “fui secuestrado por los cárteles, tuve que pagar, en la selva vi muchas personas como murieron en el camino, por múltiples razones, picaduras de serpientes porque te quebraste un tobillo, en ese momento es cuando deseas regresar a tu país”, expone.
Carlos, migrante hondureño, relata que la mayor parte del tiempo deben dormir en la calle a expensas de que alguna iglesia o familia les brinde apoyo con comida; sin importar que algunas personas viajan con niños y hasta bebés en brazos.
“Nos dan la entrada ahí cuando quieren en una iglesia y cuando no, dormimos en la calle, a veces estamos dormidos, llega una patrulla y nos lleva al bote a dormir a la cárcel aguantar hambre”, dice.
Juan de origen salvadoreño asegura que la experiencia ha sido “De lo peor, de lo peor, lejos de nuestra familia de nuestros seres queridos, cuando nos aseguran nos dan solo una llamada después de eso no podemos hacer nada”.
Debido a las acciones emprendidas por el gobierno de Estados Unidos y la suspensión del servicio de trenes, relatan que su viaje se torna más complicado y piden comprensión pues señalan que salen de sus países de origen muchas veces huyendo de la violencia, la persecución política y el hambre que impera en esos lugares.
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