Redacción Deportes, 3 nov (AJGD).- En la historia de las Grandes Ligas, sin duda alguna hemos tenido grandes historias dignas de ser contadas como una clásica epopeya griega, y esta Serie entre los Ángeles Dodgers y Toronto es una de ellas. Para muchos lo ocurrido a lo largo de esta historia es digna de catalogar entre una de las mejores de todo los tiempos.
Desde las manos y batazos de los samuráis, la novela de 18 entradas en Dodgers Stadium, hasta la resiliencia del JR que le debe ese anillo al Guerrero mayor. Todo en un conjunto de notas que se hicieron presentes para los presentes y no tan presentes en el mundo del beisbol.
Para muchos deportistas y sobre todo los tan “Cabalísticos” beisbolistas lo ocurrido este fin de semana puede ser el claro ejemplo de cuando la fortuna te sonríe o te da la espalda según sea el caso. En esta ocasión la fortuna vino desde los Ángeles con dos jugadas dignas de ponerles una estampa en los antiguos sellos postales.
Ambas desde el punto más álgido de un combate que no encontraba un vencedor claro y contundente, una barda en la parte baja de la novena entrada y la concentración de un Justin Deanen en el sexto, y la lanzada de Andy Pages en el séptimo cuando parecía que con la casa llena Toronto saldría victorioso.
Las dos dignas de un caso de estudio mayor donde sin lugar a dudas entraría una discusión entre la suerte, la capacidad física y mental o simplemente el destino.
La barda que salvo a los Dodgers
Los Dodgers de los Ángeles han levantado este fin de semana su noveno titulo de Serie Mundial, en una serie más que emocionante ante Toronto.
Cuando parecía que los Azulejos emparejarían el sexto juego de la serie con un elevado que tenia todo para perderse entre las gradas con un batazo de Addison Barger, una jugada poco vista en el beisbol se hizo presente. Las 108 costuras decidieron por una casualidad o una causalidad entrar en uno de los puntos menos esperados y menos probables en un campo.
Un milímetro más abajo o un milímetro más arriba hubieran sido la diferencia entre un posible empate donde la llamada “Bola Muerta” mantuvo vivo a los angelinos. Esa muestra de concentración de Deanen dignas de cualquier cirujano, causaron que se mantuviera el marcador 3-1 ante un Rogers Centre atónito ante lo ocurrido.
Adjudicarle el campeonato a una simple jugada sería una muestra de egoísmo y superstición que dejaría a los jugadores como un factor secundario ante clara imagen del que se sabe que será histórico.
Andy Pages con un vuelo digno de un ángel
El cubano Pages como la mayoría de sus connacionales seguramente no habría nunca imaginado o soñado con la estampa que dejaría para toda historia de la MLB, a menos que Andy pudiera presagiar el futuro.
La casa llena en la parte baja de la novena entrada para muchos hubieran sido sentencia final venida incluso previamente de otra gran jugada que dejo muy cerca a Toronto con un out forzado que por pocos centímetros y la habilitad de Will Smith mantuvo el juego en vilo.
Como si de una repetición se tratará un batazo al jardín izquierdo con toda la intención de causar un extrabases que pusiera fin a la agonía apareció el guante salvador de Pages que tocado por los Ángeles apago ese infernal toletazo de Clement.
Para posteriormente concretar la remontada que puso el noveno anillo en la historia de los Dodgers.
Sin lugar a duda los aficionados y no tan aficionados fueron testigos de un gran juego de beisbol que pasará a la historia, tal vez en el futuro estas sean las epopeyas que se vuelvan leyendas.
AJGD









