El exdirigente calificó la propuesta de la FIFA como “perjudicial” para el futuro del futbol y aseguró que hipoteca el principal activo del organismo sin una justificación convincente.
La crisis en torno al proyecto de la FIFA para abrir a la inversión privada parte de los derechos comerciales de la Copa del Mundo sumó un nuevo capítulo. Carlos Cordeiro, uno de los principales asesores del presidente Gianni Infantino y considerado durante años uno de sus colaboradores más cercanos, presentó este viernes su renuncia en protesta por la iniciativa.
En un comunicado difundido en sus redes sociales, Cordeiro dejó claro que nunca respaldó la propuesta de crear FIFA Forward Enterprise (FFE) y permitir la venta de una participación de los ingresos comerciales del Mundial a inversionistas privados.
“No puedo quedarme de brazos cruzados mientras la FIFA se plantea vender una participación en la Copa del Mundo. Es un mal acuerdo para las asociaciones miembro, para el futbol y para el futuro de este deporte”, afirmó.
Su salida representa un duro golpe para la administración de Infantino, que enfrenta una creciente oposición internacional al proyecto. En los últimos días, la UEFA, junto con las confederaciones de Asia y Concacaf, han manifestado públicamente sus reservas o rechazo a la iniciativa.
La propuesta de la FIFA contempla la creación de una subsidiaria encargada de administrar los activos comerciales del organismo y la venta de una participación minoritaria para captar 4,200 millones de dólares de inversión privada.
Cordeiro cuestionó la necesidad de recurrir a ese esquema al considerar que la FIFA ya cuenta con una sólida posición financiera para seguir impulsando el desarrollo del futbol.
“Vender una participación permanente del activo más valioso del futbol para obtener 4,200 millones de dólares significa hipotecar su futuro sin una justificación convincente”, sostuvo.
El exasesor también criticó el plazo otorgado a las 211 asociaciones miembro para pronunciarse sobre una decisión que calificó como trascendental.
“La responsabilidad de la FIFA no es maximizar los ingresos comerciales a cualquier precio, sino proteger y fortalecer el futbol para las futuras generaciones. Cuando ambos objetivos entran en conflicto, el futbol debe estar primero”, concluyó.
La propuesta deberá ser sometida a votación de las asociaciones miembro y solo podrá avanzar si obtiene el respaldo de la mayoría.









