El Tren Interurbano México–Toluca, conocido como El Insurgente, se convirtió en uno de los proyectos de infraestructura más emblemáticos de la historia reciente de México, pero también en un caso paradigmático de fallas en la planeación pública.
Iniciado en 2014, el proyecto prometía modernidad, velocidad y eficiencia; sin embargo, acumuló retrasos de más de seis años, sobrecostos del 186 %, acusaciones de corrupción y múltiples inauguraciones parciales, antes de alcanzar su operación completa prevista para 2026.
Una obra que ningún sexenio logró concluir
Ni el gobierno de Enrique Peña Nieto ni el de Andrés Manuel López Obrador lograron entregar el proyecto terminado durante sus respectivos mandatos, lo que convirtió al Tren Insurgente en una obra que atravesó tres administraciones federales.
Durante su sexenio, Peña Nieto promovió el proyecto como el primer tren rápido del continente, con una fecha estimada de conclusión hacia el final de su administración. Los retrasos iniciales se atribuyeron a complicaciones técnicas, principalmente en la construcción de túneles de casi 10 kilómetros, priorizando —según su discurso— la seguridad de los usuarios.
Los obstáculos técnicos y políticos detrás del retraso
Años después, el presidente López Obrador reconoció que la obra no estaría lista en su totalidad, limitando su inauguración parcial hasta Santa Fe y atribuyendo el retraso restante a dificultades técnicas y factores políticos que impidieron su ejecución completa.
Ambos gobiernos justificaron las demoras, pero el proyecto continuó acumulando tiempo y recursos sin cumplir su objetivo original.
El Insurgente entra en operación tras casi 12 años
Finalmente, este 2 de febrero, el Tren Insurgente comenzará a cumplir su función principal: transportar hasta 230 mil pasajeros diarios en un trayecto de 40 minutos, conectando la Zona Metropolitana del Valle de Toluca con el poniente de la Ciudad de México.
La obra superó no solo obstáculos técnicos y financieros, sino también la oposición de habitantes de zonas afectadas por el trazo, lo que complicó aún más su desarrollo.
Un costo que casi triplicó el presupuesto original
Tras casi 12 años de construcción, el costo final del Tren Insurgente superó los 116 mil millones de pesos, casi el triple del presupuesto originalmente proyectado, consolidándolo como uno de los proyectos ferroviarios más caros y prolongados del país.
Hoy, El Insurgente entra en operación como una infraestructura clave para la movilidad, pero también como un recordatorio de las consecuencias de una planeación deficiente en obras públicas.
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