El 2 de octubre no se olvida
¿Qué era lo que no se me tenía que olvidar?
El 2 de octubre de 1968 ocurrió la Masacre de Tlatelolco, un crimen ordenado por el gobierno del entonces presidente de nuestro país, Gustavo Díaz Ordaz, en donde el Ejército Mexicano y el grupo paramilitar Batallón Olimpia, asesinaron, arrestaron y desaparecieron a cientos de estudiantes, profesores, intelectuales, obreros y ciudadanos que participaban en un mitin pacífico en la Plaza de las Tres Culturas.

La principal justificación por parte del presidente Díaz Ordaz y su administración fue la de asegurar que este mal llamado movimiento estudiantil, no era una protesta social legítima, sino una conspiración comunista y subversiva que buscaba desestabilizar al Estado mexicano.
El gobierno señaló que estas protestas solamente pretendían sabotear la realización de los Juegos Olímpicos que estaban por inaugurarse, por lo que el uso de la fuerza pública era indispensable para mantener la paz social.
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Antecedentes de la matanza
El 22 de julio de 1968 se registró una riña entre unos estudiantes de la Vocacional 5 del IPN y otros de la preparatoria Isaac Ochoterena. El altercado fue reprimido de forma desproporcionada por el 19.º batallón de granaderos, comandado por el capitán Manuel Robles y el teniente Alfonso Frías.
La represión dejó un saldo de decenas de estudiantes y profesores heridos, además de numerosos jóvenes detenidos, sin que se reportaran víctimas fatales.
La desmedida represión provocó una profunda indignación entre la comunidad estudiantil, quienes se organizaron para protestar en contra del nivel de violencia y represión del gobierno.
Días después, el 26 y el 30 de julio se registraron choques por parte de los estudiantes con las fuerzas del orden, lo que provocó la toma, de las preparatorias 1, 2, 3 y 5 de la UNAM y de la vocacional 5 del IPN, por parte del Ejército Mexicano, utilizando bazucas y tanquetas.

El 2 de agosto se conformó oficialmente el Consejo Nacional de Huelga que se integró por estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Politécnico Nacional, El Colegio de México, la Universidad Autónoma de Chapingo, la Universidad Iberoamericana, la Universidad La Salle, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y la Escuela Nacional de Antropología e Historia, además, también se integraron cientos de profesores de estas universidades, intelectuales, amas de casa, obreros, campesinos, comerciantes y profesionistas de la capital del país, Coahuila, Durango, Michoacán, Nuevo León, Puebla, Oaxaca, Sinaloa y Veracruz. Todo con el fin de articular las protestas.
El 4 de agosto el Consejo Nacional de Huelga emitió un pliego petitorio de seis puntos que exigía:
- Libertad a los presos políticos.
- Derogación del artículo 145 y 145 bis del Código Penal Federal (delito de disolución social).
- Desaparición del Cuerpo de Granaderos.
- Destitución de los jefes policíacos (Luis Cueto Ramírez y Raúl Mendiolea).
- Indemnización a las familias de los muertos y heridos.
- Deslinde de responsabilidades de los funcionarios culpables de la represión.
El pliego fue presentado al Gobierno de México, así como a la opinión pública y a las autoridades educativas.
El 27 de agosto se realizó una histórica y masiva manifestación del Consejo Nacional de Huelga que atiborró el Zócalo capitalino y todas las calles aledañas, en donde se reunieron más de 500 mil personas. La más clara muestra de que el gobierno había perdido el control del sentir social.

Otro golpe certero al discurso oficial se registró el 13 de septiembre Con la llamada Marcha del Silencio, en donde los manifestantes caminaron del Museo de Antropología al Zócalo e con la boca tapada y en completo silencio para demostrar que el movimiento era disciplinado y no un grupo vandálico.
A partir de esto las reacciones del gobierno se endurecieron, el 18 de septiembre el Ejército Mexicano ocupó la Ciudad Universitaria de la UNAM, arrestando a más de 500 personas.
Finalmente, el 1 de octubre el ejército desocupa Ciudad Universitaria, lo que abre paso a que el Consejo Nacional de Huelga convoque a un gran mitin el 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco.

¿Por qué se eligió la Plaza de las Tres Culturas?
El Consejo Nacional de Huelga eligió la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, para la realización de un mitin y el inicio de una marcha, por su localización, ya que se había planeado que la marcha de ese día llegara al Casco de Santo Tomás, barrio en donde se encuentra la Unidad Profesional “Lázaro Cárdenas del IPN, que se mantenía ocupada por el ejército.
Además, la Plaza de las Tres Culturas de la unidad habitacional Tlatelolco, ofrecía un espacio amplio y de fácil acceso en la Ciudad de México para convocar a miles de estudiantes, profesores, obreros y vecinos que simpatizaban con el movimiento.
Sin embargo, investigaciones de los eventos registrados en 1968 señalan que la elección de la Plaza de las Tres Culturas pudo ser sugerida por infiltrados del gobierno en el Consejo Nacional de Huelga, ya que era un lugar en el que se podía fácilmente cercar y reprimir al movimiento.
La matanza del 2 de octubre fue el resultado de una estrategia a la que se le conoció como la “Operación Galeana”.

Saldo de la matanza
El saldo de la matanza del 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, para sorpresa de nadie, varía según las fuentes oficiales y las investigaciones independientes.
El gobierno de Díaz Ordaz reportó solamente el fallecimiento de 44 personas.
Las estimaciones independientes más conservadores reportan más de 400 asesinatos. Sin embargo, hay fuentes documentadas que aseguran que hubo más de mil 500 víctimas mortales.
Además, se estiman más de mil personas heridas de gravedad, y hasta 5 mil personas arrestadas, entre ellos todos los líderes del Consejo Nacional de Huelga.

Amigos de enfoque, recordar los sucesos del 2 de octubre de 1968 nos sirve para tener siempre presente la importancia de defender las libertades civiles, lo vital de reconocer el valor de la protesta pacífica y para mantener un límite frente a los abusos de autoridad del Estado.

El grito "¡2 de octubre no se olvida!" es una cicatriz que indica que los crímenes de Estado no deben quedar impunes y de que la memoria colectiva es una herramienta para proteger nuestros derechos humanos.

