Mara Rivera, reportera
México.- En su editorial semanal ‘Desde la Fe’ la iglesia católica señala que en una sociedad afectada por la violencia, la intolerancia, el individualismo y la cultura del descarte, es fundamental crecer como sociedad para aprender a mirarnos con mayor compromiso, valorando nuestras expresiones y sobre todo respetando nuestros ritos y símbolos.
“Cuando en una sociedad no podemos respetarnos unos a los otros en nuestros símbolos más sagrados, difícilmente podremos mirar como hermanos para resolver tantos otros problemas que nos aquejan y que provocan una violencia que ya cansa. Por tal motivo, como católicos, abogaremos siempre por la construcción de la paz desde la tolerancia fundamentada en el respeto y el diálogo construido desde la valoración total del prójimo”.
En la editorial del semanario la Iglesia Católica reflexiona sobre la importancia del respeto hacia el amor y los símbolos sagrados en una sociedad, enfatizando lo que el Papa Benedicto XVI menciona sobre las tres experiencias del amor: eros, filia y ágape.
Resalta cómo estos aspectos del amor deben vivirse en unidad y compromiso, y cómo los símbolos católicos tienen significados profundos relacionados con la fe y el servicio a los demás.
La jerarquía católica hace un llamado al respeto y la tolerancia hacia las expresiones religiosas, incluso por quienes no comparten la misma fe, resaltando que el rechazo a estos símbolos dificulta la construcción de una comunidad más unida y pacífica.
“Respeto al amor y a los símbolos sagrados, cuando en una sociedad no podemos respetarnos unos a los otros en los símbolos más sagrados, difícilmente podremos mirarnos como hermanos. El Papa recuerda que el amor puede manifestarse en tres experiencias, el eros que nos refiere al cuerpo, a la pasión que nubla la mente y eleva los sentidos hasta el arrebato o locura divina, como la llamaban los griegos la filia, que es la amistad o compañerismo que nos une a tantas personas con las que nos encontramos en la vida, y el ágape con el que expresamos la comunión del corazón y el compromiso total de la vida de quienes se aman”.
Las tres experiencias son asumidas por la fe, todas las construyen el ser humano si son capaces de vivir desde la aspiración al ágape divino, pues una vivencia del eros sin compromiso y amor en lugar de elevarnos nos degrada, y una experiencia del ágape sin compromiso con lo terreno nos descarna de la realidad en la cual Dios ha expresado su amor.
La iglesia apunta que fuimos creados por amor y para el amor, nadie puede negar esto sin degradar su dignidad, Dios nos ha creado a su imagen y semejanza y por lo tanto llevamos en nosotros la experiencia humana como criaturas y divinas, como hijos del Padre.
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