CDMX.- La alcaldía de Iztapalapa, la más poblada de Ciudad de México, vivió este viernes su multitudinario viacrucis en su 183.ª edición, una de las más especiales de su historia al ser la primera desde que la Unesco declaró esta expresión religiosa —de las más importantes del país— como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Desde la mañana, las calles de Iztapalapa (1.83 millones de habitantes) retrocedieron más de 2,000 años hasta la época bíblica, con la presencia de nazarenos cargando cruces o romanos a caballo.
El reconocimiento de la Unesco: Un sueño alcanzado
“Es buenísima la salud del viacrucis. Principalmente lo ves y lo vas a poder constatar con los niños. Sigue habiendo muchos niños que vienen por sí solos”, explicó a EFE Joaquín Rueda, miembro del comité organizador del evento desde 2005.
Él fue una de las personas que viajó hasta la Indiael pasado mes de diciembre, cuando la Unescoreconoció al viacrucis mexicano como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidaden su reunión anual. Ahora, los habitantes de Iztapalapa celebran este reconocimiento internacional como un “sueño inalcanzable”, pero alcanzado tras “picar piedra” durante años, recordó Rueda.
“Los vecinos salen a las calles a apoyar a la procesión dando naranjas, poniendo paquetes, sacando sus propias imágenes para que pueda haber una comunión (…) Aquí no pertenecemos a la iglesia, no pertenecemos a la autoridad administrativa, todo es comunitario“, resaltó.
Una tradición nacida en 1833 por una epidemia de cólera
Esta tradición nació en 1833 como un voto comunitario para pedir el fin de una epidemia de cólera que diezmaba a la población. Una década después se formalizó aquel compromiso con la primera puesta en escena, iniciando en 1843 un ciclo que acumula ya más de 180 años de historia ininterrumpida.
El recorrido se realiza por los ocho barrios originarios de Iztapalapa, una demarcación del oriente de Ciudad de México, donde los vecinos transforman el espacio urbano en escenarios bíblicos para escenificar los episodios del Nuevo Testamento. Se trata de la representación de Semana Santa más multitudinaria del país y una de las mayores concentraciones religiosas de América Latina.
La representación de las últimas horas de Jesucristo
Como todos los años, los más de 2,000 participantes interpretaron escenas históricas de la Pasión de Cristo, como su detención, el linchamiento de los soldados romanos y su posterior crucifixión. Antes de iniciar el recorrido, que finaliza con la muerte de Jesucristo en un cerro, Guadalupe declaró a EFE que en su undécimo año participando sigue con la tradición de su familia.
“Es muy pesado, pero es muy bonito cuando subes al cerro (…) Es muy bonita la impresión que pasa, toda la multitud de gente que se junta”, dijo esta mexicana, caracterizada como nazarena, quien puso en valor el hecho de que “pocas mujeres” participan en esta festividad.
Por su parte, Ángel, de 43 años, dijo que cargar con una cruz en Semana Santa es un “momento de reflexión“, más si cabe en esta ocasión, tras el reconocimiento de la Unesco. Subido a un caballo y vestido de soldado romano, Armando Guzmánapuntó que esto es una “experiencia única” y una tradición del pueblo de Iztapalapa que “le ha costado bastante perdurar”.
En esta edición, los organizadores confían en reunir a más de dos millones de personas, volviendo a los niveles de asistencia anteriores a la pandemia.
EFE /JJ









