EU.- El reverendo bautista Jesse Jackson falleció este martes a los 84 años, dejando una huella profunda en la historia política y social de Estados Unidos. Aunque nunca logró convertirse en el nuevo Martin Luther King Jr. tras su asesinato en 1968, sí allanó el camino para que décadas después Barack Obama cumpliera el sueño de ser el primer presidente negro del país.
Un referente clave del movimiento por los derechos civiles
Jackson fue el afroamericano más influyente del último tercio del siglo XX, con un impacto que trascendió las fronteras estadounidenses. Su activismo incluyó la lucha contra el apartheid en Sudáfrica y la defensa de los derechos del pueblo palestino, causas que lo convirtieron en una figura internacional.
Sus campañas presidenciales en las primarias demócratas de 1984 y 1988, aunque fallidas, lo posicionaron como el primer aspirante negro con opciones reales de competir a nivel nacional. Ese legado quedó reflejado en sus lágrimas de emoción tras la victoria de Barack Obama en 2008.
Una relación compleja con Martin Luther King
Jackson consideró siempre a King como su mentor, desde que lo conoció en 1965 durante la marcha de Selma, Alabama. Sin embargo, su ambición generó tensiones dentro del movimiento. Tras el asesinato de King en Memphis, Jackson intentó liderar el duelo nacional, lo que despertó críticas de otros activistas.
Ralph David Abernathy, colaborador cercano de King, llegó a decir al The New York Times que “Jesse quería ser Martin”. Las diferencias culminaron con la expulsión de Jackson de la Conferencia de Liderazgo Cristiano del Sur (SCLC) en 1971.
De Operation PUSH a la transformación del Partido Demócrata
Ese mismo año, Jackson fundó Operation PUSH, que más tarde se convertiría en Rainbow PUSH, una coalición multirracial enfocada en expandir oportunidades para minorías y personas pobres. Su visión de justicia social transformó al Partido Demócrata e inspiró movimientos posteriores como Black Lives Matter.
Gracias a sus campañas, aumentó la participación de votantes afroamericanos en las primarias demócratas y promovió cambios en el sistema electoral que, años después, facilitaron la victoria de Obama frente a Hillary Clinton.
Polémicas y una vida bajo escrutinio
La trayectoria de Jackson también estuvo marcada por la controversia. En 1984, fue acusado de antisemitismo, lo que lo obligó a disculparse públicamente. En 2001, reconoció haber tenido una hija fuera del matrimonio, hecho que redujo su protagonismo político.
En el ámbito internacional, destacó por negociar la liberación de ciudadanos estadounidenses en países como Serbia e Irak, y por sus visitas a territorios palestinos, donde fue fotografiado junto a Yasser Arafat.
Un legado de esperanza
Nacido en 1941 en la segregada Greenville, Carolina del Sur, Jackson creció en un entorno de rechazo familiar, pero encontró su propósito en el naciente movimiento de derechos civiles. Aunque nunca pronunció un discurso tan icónico como el “I have a dream”, su mensaje “Keep Hope Alive” en la convención demócrata de 1988 sigue resonando en la política estadounidense.
La historia política de Estados Unidos no se entiende sin Jesse Jackson, el líder que no llegó a la Casa Blanca, pero demostró que sí era posible llegar.
EFE
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