Viena.- El desastre de Chernóbil terminó con la era de la inocencia atómica y generó un duradero recelo hacia la energía nuclear, pero en los últimos años esta industria vive una rehabilitación impulsada por la necesidad de frenar el cambio climático.
Además, las lecciones aprendidas del siniestro llevaron a mejoras sustanciales de los niveles de seguridad, según explican a EFE fuentes del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), la entidad del sistema de Naciones Unidas encargada de velar por el uso pacífico de la tecnología nuclear.
El accidente de Chernóbil, del que este domingo se cumplen 40 años, se produjo al explotar el reactor número 4 de la central nuclear situada en la entonces Unión Soviética, actualmente Ucrania.
La explosión liberó a la atmósfera hasta 200 toneladas de material radiactivo, con una potencia equivalente a entre 100 y 500 bombas atómicas como la de Hiroshima.
El resultado fue la contaminación de amplias zonas de Ucrania, Bielorrusia y Rusia, y una profunda conmoción en gran parte de Europa ante un tipo de desastre que despertaba una gran ansiedad y no conocía fronteras.
Un punto de quiebre global para la energía nuclear
El referéndum que prohibió en Italia en 1987 la energía nuclear o el nacimiento del movimiento verde en Alemania, cuyo lema más identificable era el ‘no’ a la energía nuclear, están vinculados directamente a ese trauma.
“El profundo impacto en la confianza pública en la energía nuclear” causado por ese accidente es algo que reconoce el OIEA al recordar que supuso “un momento decisivo para la cooperación internacional en materia de seguridad nuclear”.
En cuestión de meses, la comunidad internacional adoptó dos tratados clave que siguen vigentes: la Convención sobre la Pronta Notificación de Accidentes Nucleares y la Convención sobre Asistencia en caso de Accidente Nuclear o Emergencia Radiológica.
Ambos documentos establecieron, por primera vez, la obligación de alertar de forma inmediata y coordinar la ayuda internacional ante cualquier incidente.
Las lecciones del accidente desembocaron años después en la Convención sobre Seguridad Nuclear (1994), que introdujo la revisión entre pares como principio clave.
Fukushima y el nuevo giro hacia la energía nuclear
El organismo destaca que Chernóbil impulsó “una mayor independencia regulatoria, un diseño mejorado de los reactores, una mejor preparación para emergencias y un enfoque más profundo en la cultura de seguridad”.
Décadas después, en 2011, el accidente en la central japonesa de Fukushima Daiichi volvió a poner en cuestión el futuro de esta energía, aunque el propio OIEA evita comparar su impacto con Chernóbil.
Tras Fukushima, Japón redujo su programa nuclear y otros países revisaron sus planes, mientras que Alemania optó por el cierre progresivo de todas sus centrales.
La energía nuclear en la lucha contra el cambio climático
Ahora el contexto es distinto: la urgencia climática ha reabierto el debate y la energía nuclear está presente en 31 países y aporta alrededor del 10 % de la electricidad mundial.
Más de 20 países han acordado triplicar la capacidad nuclear para 2050, mientras que cerca de 40 se han sumado a este objetivo dentro de las metas climáticas.
Además, alrededor de 40 países sin tradición nuclear estudian incorporar esta energía.
En los últimos años, la energía nuclear ha experimentado un cambio global en percepciones y políticas, con gobiernos que la consideran cada vez más como una alternativa viable frente a las emisiones.
De esta forma, las perspectivas para esta industria son favorables y el OIEA estima que la capacidad nuclear mundial podría más que duplicarse para 2050 en su escenario más optimista.
Para el OIEA, cada vez es más claro que la energía nuclear es una parte indispensable de la solución a los desafíos globales más urgentes.
Agencia EFE
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