Redacción Deportes, 29 Dic (AJGD).- En el futbol, el nombre con el que un jugador pasa a la historia no siempre coincide con el que figura en su acta de nacimiento, y Pelé fue uno de los primeros grandes ejemplos de ello. El ícono brasileño adoptó ese apodo desde muy joven, un seudónimo que terminó por convertirse en sinónimo de grandeza.
El histórico futbolista, que brilló con el Santos, el New York Cosmos y la selección de Brasil, es considerado por expertos, exjugadores y aficionados como uno de los mejores jugadores que ha dado el futbol en toda su historia.
En Sudamérica es habitual que las figuras sean conocidas más por un apodo que por su nombre real, y Pelé no fue la excepción. “O Rei”.
El máximo emblema del futbol mundial tiene identidad propia y un legado que no admite discusión: Edson Arantes do Nascimento, mejor conocido como Pelé, el Rey eterno del balompié.
Este año habría cumplido 85 años y, con la mirada puesta en la tercera Copa del Mundo que se celebrará en México, su figura vuelve a cobrar fuerza. Su historia está profundamente ligada al país, escenario donde alcanzó la cima definitiva de su carrera.
Hace 55 años, en el entonces Estadio Azteca, Pelé selló su grandeza al conquistar su tercer Mundial con la generación más brillante que ha dado Brasil y quedarse para siempre con la Copa Jules Rimet. Aquella tarde de 1970 lo coronó como el monarca absoluto del futbol.
Aunque ya no está presente físicamente, su legado sigue vivo en la memoria colectiva. México 1970 no solo marcó un título más, sino la consagración final del hombre que transformó el juego en arte, emoción y espectáculo.
Un legado que trasciende el tiempo
Con el Mundial de 2026 cada vez más cerca y nuevamente con México como anfitrión, el recuerdo de Pelé se reactiva con fuerza. No fue únicamente un ganador de trofeos; fue el creador de una manera única de entender el futbol, donde la creatividad, la alegría y la pasión eran inseparables.
A más de ocho décadas de su nacimiento, el planeta sigue rindiendo homenaje al futbolista que convirtió al balón en símbolo de unión y esperanza. Pelé no solo fue el mejor: fue el rostro de un futbol que hizo soñar al mundo entero.
Claves de su grandeza
- Fallecimiento: Murió el 29 de diciembre de 2022, a los 82 años, en São Paulo, tras una lucha contra el cáncer de colon.
- Reconocimiento eterno: Clubes, aficionados y la FIFA mantienen vivo su recuerdo con homenajes constantes.
- Hazaña irrepetible: Es el único futbolista en la historia con tres Copas del Mundo (1958, 1962 y 1970).
- Impacto global: Su muerte provocó una reacción mundial que reafirmó su estatus de ícono universal.
- Mensaje humano: Su lema de “amor, amor y amor” y su influencia social trascendieron el deporte, inspirando paz y solidaridad.
La cima en México
El 21 de junio de 1970, bajo el sol del Estadio Azteca, Brasil derrotó 4-1 a Italia y Pelé levantó su tercera Copa del Mundo. Fue el punto final perfecto para una trayectoria legendaria y el momento en que Brasil se convirtió en el primer tricampeón mundial.
Esa imagen, con Pelé alzando la Jules Rimet en suelo mexicano, quedó grabada como una de las postales más icónicas del futbol. Hoy, a menos de un año del Mundial 2026, su sonrisa y su respeto por el juego siguen siendo referencia para generaciones enteras.
De la humildad al trono
Pelé nació el 23 de octubre de 1940 en Três Corações, Minas Gerais. Hijo de Dondinho, también futbolista, aprendió a jugar con pelotas improvisadas hechas de trapos, papel o frutas. Desde muy pequeño, su talento fue evidente.
Debutó con Santos FC a los 15 años y un año después ya brillaba con la Selección Brasileña. En el Mundial de Suecia 1958, con solo 17 años, marcó seis goles y condujo a Brasil a su primer título mundial, revelándose ante el mundo como un prodigio.
El camino al mito
En Chile 1962 levantó su segunda Copa del Mundo, pese a una lesión que lo marginó de varios partidos. En Inglaterra 1966 sufrió el futbol más duro y la falta de protección arbitral, una experiencia que lo motivó a prepararse para su última gran obra.
Para México 1970, Pelé ya era una figura global. Aquel Mundial, el primero transmitido a color, mostró al mundo al Brasil más brillante de la historia, con figuras como Jairzinho, Tostão, Rivelino y Carlos Alberto, bajo la guía de Mário Zagallo. Pelé fue el líder espiritual y futbolístico.
Desde goles memorables hasta jugadas eternas como el cabezazo detenido por Gordon Banks o el amague sin tocar el balón ante Uruguay—, Pelé dejó una colección de momentos imborrables.
En la final ante Italia, abrió el marcador con un cabezazo perfecto y lideró la victoria 4-1. Con lágrimas y los brazos al cielo, cerró su reinado de la manera más gloriosa posible.
Pelé fue, es y seguirá siendo el Rey del Futbol. Su historia no pertenece al pasado, sino a la eternidad del juego.
AJGD









