Sin la máscara protectora, 22 días después de fracturarse la nariz en la primera jornada de la Eurocopa 2024 contra Austria, Kylian Mbappé tampoco esquivó la decepción en la fase final de Alemania, inconstante como en tantos otros duelos, desubicado, impreciso y nada decisivo, muy lejos de su nivel, eliminado del torneo como Antoine Griezmann, suplente de nuevo, en una situación desconocida desde hace diez años.
No fue una cuestión de la máscara, tan entredicho en los últimos tiempos, por la incomodidad que sentía el fenómeno francés, por el condicionante que suponía para su “visión periférica”, como insistían una y otra vez desde la concentración y el cuerpo técnico de Francia, porque Mbappé sufrió en el mismo laberinto de los anteriores duelos, ni siquiera por falta de eficacia, porque tampoco dispuso de tantas ocasiones. Casi de ninguna.
Cierto que todo empezó de otra forma, con el centro con el que asistió a Randal Kolo Muani en el minuto 9 para abrir un nuevo horizonte que no fue tal, doblegado de repente por Lamine Yamal y su golazo, por el 2-1 de Dani Olmo en el minuto 26 y por el control de España, desaparecido Mbappé primero por la izquierda y después cuando se fue al medio.
Mbappé otra realidad previo al Madrid.
Nada de su condición decisiva tan esperada, que aguardaba Francia como la única solución de verdad para recomponer su figura, sostenida por su defensa, que este martes fue vulnerable, que necesitaba mucho más de Mbappé. No fue capaz de rescatarla. Su última ocasión, una de las pocas veces que se fue como suele hacerlo, fue una evidencia aún mayor, cuando conectó su remate a las nubes. La frustración. La derrota ya inevitable.
España avanza de la mano de Yamal
Entre los problemas de Francia este martes, por detrás en el marcador aún por 2-1, Deschamps recurrió a él en la primera tanda de cambios. En el minuto 62. Lo situó en el centro del campo, como recambio de N’Golo Kanté. Eduardo Camavinga entró por Adrien Rabiot. Y Bradley Barcola por Randal Kolo Muani. Una prueba de fuego para Griezmann, que tampoco resurgió. Su último cabezazo, alto, fue el único signo de su presencia.









