Ciudad del Vaticano.- Pocos imaginan al líder de la Iglesia católica siguiendo un partido de fútbol con el corazón en la mano. Sin embargo, el Papa Francisco, más allá de su sotana blanca y su mensaje de humildad y paz, fue también un ferviente hincha del fútbol. Y no de cualquier equipo: su corazón latía por los colores rojo y azul de San Lorenzo de Almagro, uno de los cinco grandes del fútbol argentino.
Desde su juventud en el barrio de Flores, en Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio vivió de cerca la pasión por la pelota. A mediados del siglo XX, en un país donde el fútbol es casi religión, el joven Bergoglio comenzó a asistir a los partidos del club que había sido fundado por un cura salesiano, el padre Lorenzo Massa, en 1908. La historia del club y su origen vinculado a la Iglesia no fue un detalle menor para el futuro pontífice.
“El fútbol me gustaba mucho. Fui arquero, aunque no muy bueno”, confesó alguna vez el Papa con una sonrisa, recordando su niñez. Su devoción por San Lorenzo no es un mero gesto simpático o casual. Está registrado oficialmente como socio del club desde 2008, año en que celebró su 50° aniversario como sacerdote, y cuando aún era arzobispo de Buenos Aires. Incluso, el carnet de socio número 88.235 sigue vigente.
En una de sus primeras audiencias como Papa en 2013, recibió con alegría a dirigentes del club que le llevaron la camiseta oficial con su nombre en la espalda y la Copa que San Lorenzo había ganado en la liga argentina de ese año. Pero la gran alegría llegaría en 2014, cuando San Lorenzo conquistó por primera vez en su historia la Copa Libertadores. Desde Roma, Francisco celebró la hazaña con emoción, aunque sin dejar de lado su característico perfil bajo. “Es sólo fútbol”, dijo en una entrevista, pero no ocultó la satisfacción por la victoria.
Diego Armando Maradona y Lio Messi fueron algunos de los personajes mas importantes del fútbol que fueron recibidos por el Papa Francisco
Lejos de la imagen solemne que muchos podrían imaginar, el Papa Francisco suele usar el fútbol como una metáfora para la vida. En numerosas homilías y discursos ha citado ejemplos del deporte para hablar de trabajo en equipo, esfuerzo, juego limpio y respeto por el adversario. “El fútbol es una escuela de vida”, ha dicho en más de una ocasión.
Aunque los años y el papado han limitado sus posibilidades de seguir los partidos con la misma frecuencia de antes, su afición permanece intacta. “Cuando San Lorenzo juega, yo rezo un poco más”, bromeó en una ocasión ante un grupo de fieles argentinos.
La pasión futbolera del Papa no es un dato menor. En un mundo cada vez más dividido, Francisco supo tender puentes incluso desde el deporte. Recibió a clubes, a jugadores de élite y hasta organizó un partido interreligioso por la paz, demostrando que el fútbol, en manos de un líder espiritual como él, puede ser también una herramienta para unir, emocionar y transformar.
JTG









