AGENCIAS.- En Guadalajara, Jalisco, la leyenda de Nachito es una de las más icónicas del Panteón de Belén, y a su vez, es una de las más vivas.
Ignacio Torres Altamirano, mejor conocido como Nachito, era un niño que tenía miedo a la oscuridad, una enfermedad conocida como nictofobia.
Cuenta la leyenda que el bebé tenía que dormir con las ventanas abiertas en el día, con veladoras en la noche hasta que, infortunadamente el 24 de mayo de 1882 una fuerte tormenta apagó las velas, dejando al chamaquito a oscuras, lo cual le produjo un infarto que acabó con su vida.
Luego de haber sido enterrado en el Panteón de Belén, el ataúd que contenía el cuerpo de Nachito amaneció los siguientes 10 días desenterrado, a fin de ponerle fin a este tétrico evento, la familia decidió mandarle a hacer un ataúd de cantera, el cual tenía unas ranuras en la parte del medio de tal manera que la luz del Sol, e inclusive de la Luna pudiera colarse al interior del féretro y el infante pudiera estar tranquilo.
Desde entonces, la tumba de Nachito se convirtió en una de las más visitadas de este panteón jalisciense. A 141 años de haber sido enterrado, continuamente la gente le lleva juguetes para que el espíritu del bebé los acompañe.
Los lugareños afirman que, si alguien le trae con mucho respeto y cariño un regalo al niño sin importar el tamaño, el bebé lo va a cuidar como segundo ángel de la guarda, sin embargo, como buen chamaquito, si alguien no le lleva un regalo, es muy probable que se enoje.
De igual forma hay quienes acuden a dejarle veladoras encendidas para que lo iluminen durante la oscuridad de la noche.
Los visitantes del panteón suelen llevarle de regalo algún juguete, sin embargo, hay quienes han llegado a encomendarse a niño para que les ayude a sanar a sus hijos que tienen alguna enfermedad.
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