A pesar de ser conocido como el santo de las causas imposibles, por llevar el mismo nombre que el traidor Judas Iscariote, el apóstol san Judas Tadeo fue un santo que por mucho tiempo estuvo en el olvido.
San Judas Tadeo, contrario de lo que muchos devotos creen, no es quien vendió a Jesús por treinta monedas. Sin embargo, si es uno de los doce apóstoles elegidos por Jesús, quien fue conocido como “el hermano del Señor”, por ser hijo de María de Cleofás, pariente de la Virgen María.
“Se le representa portando un medallón en el pecho con la imagen de Jesús, ya que se dice que, al ser parientes, eran muy parecidos. De manera que, al portar este escudo en el torso, significa que está anunciando a Jesús”.
De acuerdo con la tradición, este santo escribió una carta dirigida a los judeocristianos para prevenirlos del libertinaje. Además de esto, pocas cosas se relatan acerca de él, como que, en compañía del apóstol san Simón, partió a Persia, donde predicaron juntos el Evangelio y fundaron la comunidad cristiana de Babilonia. Ambos murieron mártires en la ciudad de Suanir, linchados por la multitud pagana.
En la tradición cristiana, al verlo como el santo al que nadie le pedía, muchos creyentes comenzaron a hacerle sus peticiones, calculando que tenía pocos asuntos que atender.
En México, en la década de 1980 la devoción a san Judas comenzó a atraer a más y más jóvenes, que prontamente se acogían a su protección. Actualmente, el día 28 de mes, pero principalmente el 28 de octubre, miles de católicos se reúnen en la iglesia de San Hipólito y San Casiano, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, para rendirle devoción.