Un equipo de investigadores alemanes y estadunidenses demostró que, los cefalópodos de cuerpo blando como los pulpos, calamares y sepias son invertebrados excepcionalmente inteligentes, con un sistema nervioso muy complejo. La evolución de su cerebro está vinculada a una espectacular expansión de su repertorio de microARN.
Debido a la edición elevada de ARN en sus tejidos nerviosos, los investigadores plantean la hipótesis de que la regulación de ese material puede desempeñar un papel importante en el éxito cognitivo de este grupo.
Si nos remontamos lo suficiente en la historia evolutiva, nos encontramos con el último ancestro común conocido de los humanos y los cefalópodos: un animal primitivo parecido a un gusano, con una inteligencia mínima y unos ojos simples.
Posteriormente, el reino animal puede dividirse en dos grupos de organismos: los que tienen columna vertebral y los que no. Mientras los vertebrados, sobre todo los primates y otros mamíferos, llegaron a desarrollar cerebros grandes y complejos con diversas capacidades cognitivas, los invertebrados no, salvo los cefalópodos.
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