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Alerta en el Atlético de Madrid

De naranja, irreconocible en su aspecto, superado por agresividad e intensidad, conformista reincidente en la Liga de Campeones, el Atlético de Madrid disparó las alertas, doblegado 2-0 por el Brujas, por un incontestable Ferran Jutglà y, sobre todo, por sí mismo, encomendado a tres victorias en las últimas tres jornadas de la fase de grupos […]

Por Augusto González · 4 de Oct 2022 | 9:00pm
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Club Brugge vs Atletico Madrid
Club Brugge vs Atletico Madrid

De naranja, irreconocible en su aspecto, superado por agresividad e intensidad, conformista reincidente en la Liga de Campeones, el Atlético de Madrid disparó las alertas, doblegado 2-0 por el Brujas, por un incontestable Ferran Jutglà y, sobre todo, por sí mismo, encomendado a tres victorias en las últimas tres jornadas de la fase de grupos para creer no sólo en la primera posición, sino también para sentirse seguro de su pase a los octavos de final, del que no es ni favorito ni nada que se lo parezca.

Otra vez, el equipo rojiblanco está al límite. Y por su propia responsabilidad. En el plan contemplativo de Simeone, como en Leverkusen, el Atlético empezó la deriva hacia un naufragio predecible e inevitable, cuyas consecuencias dependerán de todo lo que suceda en las tres restantes citas, bajo la presión y entre el ruido del golpetazo sufrido en Brujas, que lo aventaja en seis puntos con nueve por jugarse. Atlético, Oporto y Leverkusen tienen tres.

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No hay matices. Diego Simeone, sobre todo, pero también el equipo salen malparados de la noche de Brujas. Y no hay excusa. No vale con el lamento de la ocasión fallada con 0-0 por Morata. Ni con el penalti, ya con 2-0 en contra, que falló Griezmann. El Atlético reincidió. Su especulación inicial, tan dañina otras tantas veces, tan insistente últimamente, tan recurrente cuando suena el himno de la Liga de Campeones en los oídos de Simeone, fue una concesión inasumible cuando te juegas tanto en una competición tan exigente. No perdona. Lo sabe más que nadie el conjunto rojiblanco. Y lo atemoriza. Demasiado. No es casualidad que el Atlético sólo haya ganado nueve de sus últimos 27 compromisos en la máxima competición continental. Ni tampoco que haya perdido 13. Casi la mitad.

Ni siquiera la reaparición en el once de Griezmann le instó a Simeone a una perspectiva más ofensiva del encuentro. En los tiempos tan medidos del atacante, tan selectivos, por el pulso que mantiene el Atlético con el Barcelona para rebajar la opción de compra, ya son dos de los últimos encuentros los que el atacante francés ha partido de titular, cuando no lo había hecho en los siete anteriores. Algo ha cambiado en su situación, quizá la negociación entre clubes, o era tan importante el encuentro a ojos de Simeone -y ahí está el pecado de su planteamiento- como para darle recorrido al ‘8’ más allá de la media hora a la que estaba limitado. No le bastó a su equipo.

El Atlético necesita a Griezmann. Pero también ser un equipo muchísimo más voraz, más creíble, de lo que fue en Brujas. Más allá de la convicción con la que se expresó el equipo el pasado sábado en Sevilla, también con el matiz de que su rival evidenció su decadencia, el conjunto rojiblanco tiene un plus de fútbol, combinación, lectura y clarividencia ofensiva cuando dispone de ‘El Principito’ sobre el terreno de juego. Ya no es el goleador que explotó a las órdenes de Simeone, ahora es un futbolista, incluso con apariencia de centrocampista por momentos, que maneja los tiempos, el pase y la transición. Y aún tiene mucho fútbol.

Es la solución más visible del Atlético. Lo fue cuando peor apareció el equipo rojiblanco, que se deshizo con descaro de la posesión, se la entregó a su oponente, al que apenas detectó al principio, y lo aguardó en su territorio tanto como lo sufrió en la puesta en escena, porque Reinildo, siempre un seguro, no se enteró apenas de nada al principio, superado una y otra vez por Buchanan, que también desbordó a unos cuantos más a lo largo de todo el choque; porque el resto siempre llegaron tarde a cada lance y porque el fútbol también es agresividad, intensidad, tensión, orden… Y en eso también ganó, de sobra, el Brujas.

Augusto González
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