Enfoque al Séptimo Arte: “Los muertos no mueren”, una cinta zombie entre la comida y una metáfora política

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  • EU.- The Battery (2012), Los hambrientos (2017) y La noche devoró al mundo (2018) son películas de zombies con un ritmo lento que se olvidan de la visceralidad para dar paso a algo más profundo, casi filosófico en su trama. Por otro lado están aquellas que se enfocan más a la comedia como Shawn of the Dead () y Zombielan (2009), las cuales dan paso a una historia divertida más que aterradora…y luego está Los muertos no mueren (2019) de Jim Jarmusch.

    Tras una extraña rotación de la tierra que da como resultado un cambio en el campo electromagnético de la misma, los muertos de un pequeño poblado regresan a la vida como hambrientos zombies, por lo que ahora los habitantes deberán sobrevivir a toda costa con tan sólo un pequeño grupo de policías protegiéndolos.

    Jim Jarmusch (Sólo los amantes sobreviven, 2013) dirige Los muertos no mueren, probablemente la película de zombies más ambiciosa de la historia en cuanto a su elenco se refiere, pues entre su cast cuenta con Bill Murray, Chloë Sevigny, Danny Glover, Adam Driver, Steve Buscemi, Iggy Pop y Tilda Swinton (entre otros), como protagonistas de esta peculiar comedia que, muy fiel al estilo del director, se sale un tanto de lo convencional.

    Con esto nos referimos a que no se trata de una cinta aterradora o en exceso profunda, pero tampoco de una comedia que mate de la risa a quien la mire; mejor dicho es una combinación entre lo serio, lo gracioso y hasta lo exagerado. Sin embargo también homenajea al cine clásico de no muertos, pues incluso contienen la idea central del subgénero zombie.

    Así, lo primero que se debe tomar en cuenta de esta cinta es que a pesar de ser una comedia y tener a una figura como Bill Murray, no es un filme hilarante y graciosísimo, sino todo lo contrario, ya que sus momentos cómicos son tan sutiles que podrían pasar desapercibidos. Es por ello que las risas aquí son apenas el esbozo de una carcajada que, sumado a su ritmo lento, se traduce en una comedia ligera pero bien hecha; casi vanguardista.

    Aun así la trama presenta alguna que otra situación que roza lo absurdo, pues mediante personajes como Chloë Sevigny o Tilda Swinton se es testigo de una que otra secuencia que simple y sencillamente cae en la perplejidad y la estupefacción; aunque claro, son escenas que están hechas precisamente para causar dichas sensaciones, sobre todo porque la cinta incluso llega a convertirse en una metaficción.

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