18/6/26 .- El más auténtico, limpio y puro de los mundiales de futbol no hay duda de que fue el primero celebrado en Uruguay en 1930, porque a partir de la segunda edición, la de Italia 34, ya fue tocada y utilizada por Benito Mussolini y a partir de entonces se convirtió por y para siempre en un muy importante objeto del deseo por motivos políticos, económicos y sociales de toda índole, sin importar consecuencias por la brutal y cada vez más devoradora ambición del ser humano que esta ocasión, 2026, está representada principalmente por Gianni Infantino.
Siendo el futbol un deporte fácil de practicar, porque una corcholata se puede transformar en pelota con un poco de imaginación, se convirtió en un producto que no puede igualar ninguna otra actividad ni política, religiosa, incluso ninguna otra deportiva, meramente por ser el fenómeno social que mueve el planeta sin necesidad de acarrear a las masas que a diferencia llegan solas.
Entre 30 y 80 pesos costaba el boleto individual para asistir a un partido del Mundial Mexico 70, el primero de los tres ahora en ser organizado por nuestro país aunque el presente sea una rebanadita de 13 partidos, cuando el salario mínimo diario era de 32 pesos, es decir, prácticamente con un día de trabajo ocupabas un lugar en zona alta de Estadio Azteca, ahora el más barato puede ser que se encuentre en unos 8 mil pero la reventa lo absorbe y lo ubica en15 o 20 mil , con salario mínimo es de 315 pesos al día, evidentemente esa ambición humana hace irreal, por lo menos para los mexicanos que son los de salario mínimo los que más logran poblar las tribunas en la Liga MX, aunque con todo y eso habrá el que empeña hasta el coche con tal de ser aficionado mundialista, pero la realidad es evento para ricos entre ellos algunos políticos que incluso fueron conminados a no asistir a los estadios para evitar comentarios que dañen la imagen de la supuesta austeridad, pero el futbol y la vitrina les ganó.
Pese a los pronósticos contrarios antes del arranque del Mundial, principalmente en México por las manifestaciones del sindicato de maestros, madres buscadoras, transportistas y una lista larga de otros demandantes, que no deben de perder atención de parte de las autoridades, hemos disfrutado de una semana de fiesta como un bálsamo que urgentemente requería la sociedad mexicana.
Fernando Espinosa Galindo







