Desgraciadamente, en la historia de la gimnasia está lleno de casos que acabaron en tragedia, y uno de los más recordados es el de la rusa Elena Mukhina.
Criada por su abuela tras la huida de su padre y la muerte de su madre, Mukhina encontró en la gimnasia rítmica el deporte para refugiarse. Y se le daba muy bien. Con solo 12 años fue reclutada por el CSKA de Moscú, donde cayó en manos de Mikhail Klimenko, un entrenador famoso por su excesiva exigencia. Y es que el dominio de la gimnasia de la Unión Soviética entró en claro conflicto con el estrellato de la rumana Nadia Comaneci, figura inolvidable de los Juegos Olímpicos de Monreal 1976, y Mukhina era la gran esperanza.









