Madrid.- La comunidad internacional ha vuelto a una cita para disertar sobre la fragilidad de los océanos y lo ha hecho, otra vez, con un sinfín de evidencias e informes científicos que alertan sobre la vulnerabilidad de los ecosistemas marinos; la ciencia ha puesto ese semáforo en rojo.
Convocados por Naciones Unidas, las delegaciones de unos 150 países, organizaciones y organismos internacionales y centenares de empresas participan desde el lunes en Lisboa en la II Conferencia de los Océanos, una cita programada para 2020 y pospuesta por la pandemia y de la que no tienen que salir decisiones vinculantes, aunque sí una “Declaración” que puede ser importante para definir las políticas orientadas a conservar los océanos.
La ciencia ya lo hizo, y los informes se amontonan ya sobre cualquier mesa de negociación; los políticos y las empresas saben que ahí -en el mar- puede estar la respuesta a muchos de los interrogantes sobre el origen de la vida, la composición de la atmósfera o la evolución del clima, además de la solución a muchos de los retos del siglo XXI.
Porque algunos lugares han permanecido intactos e inalterados durante siglos, pero también porque los océanos pueden ser la “gran farmacia” de los que surjan nuevos fármacos o la “gran despensa” que cubra las necesidades alimentarias de la Humanidad.
Porque son los científicos quienes han alertado de que en 2050 la Tierra estará poblada por 9.000 millones de personas y la capacidad de disponer de alimento y recursos para satisfacer sus necesidades puede estar ya al límite; y las miradas se volverán entonces a los océanos, pero también han avisado de que en esa fecha pueden albergar más plástico que peces.
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