Ciudad de México.- La última milla hacia el Estadio Azteca de la Ciudad de México se inundó este jueves de aficionados que caminaron rumbo al partido inaugural del Mundial entre bandas, música y danzas tradicionales, en medio de un fuerte cerco de seguridad, mientras los barrios populares de alrededor observaban la fiesta desde la orilla.
El entorno del estadio cambió por completo antes del partido inaugural
Por las calles donde cualquier otro día circulan microbuses, taxis y vecinos, esta tarde aparecieron camionetas de lujo, automóviles blindados y vehículos con placas de otros estados, al tiempo que se suspendieron diversas actividades cotidianas.
El paisaje cambió antes de que rodara el balón: más vallas, más uniformes, más tránsito detenido y una vigilancia que parecía medir cada esquina dentro del perímetro de seguridad instalado alrededor del estadio.

Un amplio operativo de seguridad resguarda la zona mundialista
Agentes de la Guardia Nacional, de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana capitalina, policías, agentes de tránsito y personal de la Secretaría de Movilidad patrullaron los alrededores hasta el corredor de la última milla, por donde los aficionados avanzaron entre camisetas verdes, banderas mexicanas, bandas de viento y danzas tradicionales llegadas de distintos puntos del país.
Las protestas no lograron alterar la llegada de los aficionados
La llegada fue ordenada. No hubo, hasta la inauguración, el choque que se temía con las protestas que buscaban aproximarse al estadio, principalmente de maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que intentaban avanzar hacia la zona mundialista.

Vecinos denuncian exclusión y restricciones durante la fiesta mundialista
Pero la calma operativa no borró la molestia vecinal.
En las zonas cercanas, residentes dijeron sentirse excluidos de un espectáculo que ocurre frente a sus casas, pero fuera de su alcance.
“Lo aíslan a uno y cuando uno quiere trabajar no lo dejan trabajar y los que roban y todo ahí va su mochada (…) esto ya es una corrupción”, dijo a EFE María de la Luz López, quien observaba el paso de aficionados desde la puerta de su vivienda.
Mientras unos buscan boletos, otros pierden una fuente de ingresos
La paradoja se veía a unos metros. Mientras algunos vecinos aseguraban que las autoridades no les permitieron vender comida, bebidas o estacionamientos, como suelen hacerlo en días de partido, otros aficionados buscaban entradas de última hora y afirmaban estar dispuestos a pagar hasta 110 mil pesos por un boleto.
“Ay no, somos muy pobres como para pagar un boleto de mucho dinero”, resumió la señora Lulú.
Para varios habitantes, las restricciones impuestas por la FIFA y las autoridades en el último perímetro cerraron una fuente de ingresos habitual.

Tiendas de conveniencia registran aumento en ventas por el Mundial
No obstante, para algunas tiendas de conveniencia, el Mundial llegó como una avalancha de clientes. Empleados consultados relataron mayores ventas de agua, refrescos, botanas y cerveza por el paso constante de aficionados, cuando inicialmente pensaban cerrar sus establecimientos.
El contraste resume la promesa económica del torneo. México espera recibir a más de 5.5 millones de visitantes durante el Mundial y generar un impacto económico de entre 1 mil 800 y 3 mil millones de dólares, mientras que la Ciudad de México estima beneficios por 26 mil 280 millones de pesos.
El partido inaugural también mira hacia una audiencia global que podría superar los 6 mil millones de espectadores en televisión y plataformas digitales a lo largo del torneo.
La gran pregunta en los alrededores del Azteca: quién puede entrar a la fiesta
En los alrededores del estadio, sin embargo, esa cifra planetaria se reducía a una pregunta de barrio: quién entra a la fiesta y quién solo la ve pasar, especialmente entre quienes tampoco tienen acceso a plataformas de streaming para seguir el evento.
EFE / JJ









