Redacción Deportes, 3 feb (AJGD).- Después de tres días de haber regresado a tierra firme, las remeras mexicanas de Oceanida comienzan apenas a adaptarse de nuevo a la vida cotidiana tras una experiencia que califican como tan increíble como abrumadora. El contraste entre el silencio absoluto del océano y el ritmo acelerado de la vida moderna ha sido uno de los mayores retos en este proceso de readaptación, en el que incluso caminar vuelve a sentirse distinto luego de casi dos meses en altamar.
Las huellas del esfuerzo son evidentes: músculos adoloridos por haber permanecido sentadas durante semanas, manos marcadas por los callos del remo y un cuerpo que poco a poco se acostumbra a una nueva rutina. Todo ello, tras completar una travesía de 45 días que las llevó a cruzar el Océano Atlántico a remo, una hazaña que parecía inimaginable al inicio del desafío.
La llegada a tierra estuvo cargada de emociones. Hubo lágrimas por el cierre de una etapa de profunda conexión y presencia, por haber alcanzado un objetivo histórico junto a tres mujeres que hoy se consideran hermanas de por vida, y por el reencuentro con sus seres queridos, quienes también atravesaron océanos mientras ellas habitaban el mar. A todo ello se sumó la satisfacción de poder afirmar que lograron cruzar el Atlántico impulsadas únicamente por sus remos.
El equipo de Oceanida
Para el equipo, llevar el nombre de México durante la travesía y en la piel representa un honor. Destacaron la emoción de llegar a un país que las recibió con entusiasmo, porras y una energía inagotable, reflejada en mensajes, historias, llamadas y cobertura informativa que acompañaron su recorrido.
Las remeras expresaron su profundo agradecimiento a todas las personas que formaron parte del camino: a quienes siguieron la expedición, a las familias que vivieron una montaña rusa de emociones entre la angustia y el orgullo, a quienes se cruzaron en su trayecto y dejaron huella, y a los patrocinadores que confiaron en el proyecto cuando aún era solo una idea. Subrayaron que este logro fue posible gracias a la unión de cada una de las piezas que conformaron un movimiento extraordinario.
Con la convicción de que esta historia apenas comienza, las protagonistas extendieron una felicitación a todos los que, de una u otra forma, también cruzaron el océano con ellas, reafirmando que cada persona que tocó sus vidas ya es parte de esta hazaña colectiva.
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