EFE
Tokio.- La lucha por un mundo libre de armas atómicas de la organización Nihon Hidankyo ha hecho que el Nobel de la Paz vuelva a Japón medio siglo después de que el ex primer ministro del país Eisaku Sato recibiera el galardón también por su compromiso antinuclear.
Tras 68 años de batalla contra las armas nucleares, la Academia Sueca concedió hoy el Nobel de la Paz a Nihon Hidankyo (contracción en japonés de ‘Organización de Víctimas de Bombas Atómicas de Japón’), fundada 11 años después de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki los días 6 y 9 de agosto de 1945.
En ese momento, el sentimiento antinuclear ganaba fuerza en Japón, después de que la tripulación de un barco atunero nipón fuera expuesto a la radiación durante una prueba de bomba de hidrógeno estadounidense en el atolón Bikini en el Océano Pacífico.
El nacimiento de la organización acabó con el silencio en el que habían vivido hasta entonces los supervivientes a las bombas -‘hibakusha’ en japonés-, para quienes la muerte no fue una consecuencia pero sí lo fueron los problemas de salud, la pobreza y la discriminación que derivaron del desastre.
Cerca quedó Nihon Hidankyo de obtener el galardón en el año 2005, cuando se cumplían 60 años desde que Estados Unidos arrojara las bombas sobre Japón y la organización figuraba en las quinielas de favoritos para hacerse con el reconocimiento.
El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y su director, el egipcio Mohamed El Baradei, fueron los premiados ese año en que el presidente del Comité Nobel reconoció la labor de Nihon Hidankyo al pronunciar: “Durante muchos años, la organización ha estado trabajando por la abolición nuclear”.
Con ‘hibakusha’ entre los miembros de su comité, Nihon Hidankyo clama al mundo la necesidad de abolir las armas nucleares y trabaja por extender los testimonios de las víctimas aún con vida de la tragedia, para quienes pide además apoyo.
Toshiyuki Mimaki, que tenía 3 años cuando se desató el desastre, es uno de los integrantes del comité de la organización y recuerda cómo una mujer acudió a su casa en Inmuro (a unos 30 kilómetros de Hiroshima) rogando una lata de comida tras el desastre y su madre le dijo que probablemente esa señora a la que acababa de ver moriría pronto.
Ese recuerdo está marcado en la memoria de Mimaki, que a sus 82 años está terminando de escribir su propio libro, que ya tiene título: ‘Mi vida y el bombardeo de Hiroshima’.
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