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Invitan a conocer el Cárcamo de Dolores, un homenaje al agua en la CDMX

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  • México.- La Ciudad de México nació sobre el agua. Desde Tenochtitlan, el bien líquido ha sido un compañero inseparable. Con los siglos, bajo nuestros pies se conformó una compleja red de ingeniería hidráulica la cual permite que este preciado elemento llegue a nuestros hogares.

    En la ciudad hay un espacio que rinde tributo a la conjunción entre la naturaleza y las disciplinas que nos permiten entenderla mejor: el Cárcamo de Dolores. Inaugurado el 4 de septiembre de 1951 para conmemorar los trabajos del Sistema Lerma, este sitio, ubicado en la Segunda Sección del Bosque de Chapultepec, es resultado de una visión multidisciplinaria entre arquitectura, ingeniería y el arte de Diego Rivera. 

    El edificio, en su arquitectura funcionalista, responde al sentimiento de modernidad que inundaba al país y al mundo, pero sin dejar de lado las raíces prehispánicas como los relieves de Quetzalcóatl que están en las esquinas de sus techos o la fuente dedicada a Tláloc, al exterior del Cárcamo. 

    Esta última, obra de Rivera, contiene una enorme escultura del dios mexica; su cuerpo, con toda su majestuosidad, sobresale apaciblemente del agua mientras mira al cielo con sus colores amarillos, verdes, rojos y blancos. Esta posición fue ideada por el pintor mexicano para que la estructura pudiera ser observada desde las aeronaves que transitan por ahí. 

    Con sólo estas dos piezas, el Cárcamo de Dolores es emblema de lo que el agua ha representado para la configuración de la CDMX; sin embargo, dentro de esta cámara, en los muros del túnel y del cárcamo (el hueco del recinto), hay otro protagonista que cierra el círculo creativo, el mural subacuático El agua, origen de la vida, también realizado por Rivera.

    La cámara baja del cárcamo contiene la mayoría de estos elementos como microorganismos que nacen desde el centro del mural, plantas, animales y dos personas, un hombre y una mujer.  En sus primeros años de vida, una parte de la estructura estuvo, literalmente, bajo el agua, donde el movimiento de ésta hacía que el mural cobrara vida.

    En 1992 para preservar su valor histórico, se cambió el cauce del agua y se iniciaron trabajos de restauración de todo el recinto. A lo largo de los años, el Cárcamo de Dolores, único en el mundo, ha tenido algunas añadiduras: en los 60, el arquitecto Leónides Guadarrama incorporó  fuentes en forma de serpiente; en 2010, el arquitecto Roberto Kalach proyectó frente al cárcamo un foro al aire libre con capacidad para 700 personas y  el artista Ariel Guzik introdujo la Cámara Lambdoma, un dispositivo que recrea el sonido del agua. 

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